Néstor del Barrio Camuflaje Deslumbrante

El trazo que se confunde con el corte, la figura que se confunde con el fondo, la obra que se confunde con la sala, impugnan la sala, la obra, la figura y el trazo, pero también, en un gesto paradójico, al artista y al espectador, a ti, público.

¿Dónde empieza su trabajo si no puedes señalar el lugar que ocupa la obra? Si todoslos conceptos, como todos los objetos, se han difuminado, ¿en qué lugar quedas, espectador, periscopio confundido, cuando no distingues la obra del espacio?

¿Cuál es ahora tu función, público, si en esta sala eres la lente de una cámara saturada de información?

¿A dónde miras si no hay objeto distinguible, ni coordenadas exactas?

¿Hacia donde diriges tu juicio como un arma?

Camuflaje deslumbrante lanza preguntas en todas direcciones y ninguna tiene una repuesta ni clara, ni concisa, ni directa,

porque esta exposición no alberga conceptos, alberga estrategias.

En tiempos de guerra, un barco cruza un océano atestado de submarinos.

Debe desaparecer si quiere alcanzar la costa.

En tiempos de guerra, cruzan los paseantes una calle repleta en el trámite de hacer trámites, cruzan por delante de una cámara de vigilancia, por delante del cristal de un escaparate abierto, cruzan las caras por delante de cuatro cámaras en un teléfono.

En tiempos de guerra, la cara hace el viaje del cuerpo al píxel y del píxel al dato, botín de bits para algoritmos.

En este tránsito inevitable, la identidad pierde su dueño si no es capaz de camuflarse, como el barco se convierte en objetivo y se pliega al destino de naufragar agujereado.

Pero un barco no es una gota que pueda confundirse con el mar y un individuo ya no es posible que se disuelva en la masa. Por eso, la cuestión no es hacerse invisible, sino imposible, incapacitar al ojo que busca, al periscopio del submarino, a la lente, a la retina,

sobrecargarlos, confundirlos, asombrarlos, deslumbrarlos.

Santiago Mazarrasa